Te cambio el aire acondicionado por paseos costeros

Marzo 2023
Newsletter. Invitación a visita guíada
Tiempo de lectura: 15 minutos.

Este artículo formó arte de la campaña de invitación a nuestra Primera visita guíada: «La historia Ambiental de Buenos Aires» junto con Luciana Peirone y su plataforma @Camexplorativas. Estas visitas son experiencias que te invitan a mirar la ciudad desde una perspectiva ambiental, combinando una caminata con historia y aprendizaje sobre la biodiversidad urbana. Si queres estar al tanto de las proximas que se hagan, seguinos en redes, @ahoraque_ok. Mientras tanto, Podés bancarnos con un cafecito para que podamos seguir mediando (con)ciencia.🌎

Este correo se trata de la historia de los paseos costeros de la Ciudad de Buenos Aires: un ejemplo de cómo el paisaje condiciona decisiones políticas y como estas, a su vez, modifican el paisaje, modificando nuestra calidad de vida para siempre. ¿Cómo fueron los primeros paseos costeros que tuvo Buenos Aires? ¿Cómo se relacionaba la ciudadanía con estos lugares? ¿Qué ocurrió con ellos?. ¿Son parte de un pasado nostálgico o del futuro que queremos?

Corría la década del 30 y el paseo costero era el lugar por excelencia de los porteños para reunirse los fines de semana, despejarse y disfrutar de un refrescante baño. Desde la Plaza del Congreso, grandes buses sin techo, conocidos como «bañaderas», llevaban a los porteños hasta el río.

Sin embargo, para la década de los 70, el estado de abandono del lugar era total. Las autoridades militares de la Ciudad prohibieron el acceso al río en 1975 y, sin demasiada difusión ni debate, la costa amaneció tapiada de carteles que decían: «Terminantemente prohibido ingresar al agua». Para 1978, el lugar se había convertido en el vertedero de escombros producto de la construcción de las autopistas. ¿Qué sucedió en tan solo 40 años? ¿Cómo la ciudadanía perdió un lugar tan emblemático? ¿Qué tan rápido nos olvidamos de ese pasado que pareciera que nunca existió? Con este ejemplo, exploremos cómo lo ambiental se vuelve transversal a lo social y cultural, y cómo en las ciudades, estas relaciones se amplifican. Acompañanos en este breve recorrido por la historia del balneario porteño.

El primer paseo costero y paseo público de Buenos Aires fue creado por el gobernador Pedro de Cevallos (1757) y continuado por Francisco de Paula Bucarelli, cuando la ciudad todavía era una pequeña aldea. Su construcción no estuvo exenta de polémica, ya que algunos críticos argumentaron que era una inversión superficial y no una prioridad frente a otras necesidades más urgentes. A pesar de esto, el paseo se construyó a medias y fue conocido como «Paseo de la Alameda» (aunque en su mayoría estaba arbolado con sauces y ombúes). Este evento histórico es significativo porque por primera vez, el río no se concebía como un lugar solo para arribo y defensa, sino como un espacio de disfrute y percepción visual. 

Primer paseo Costero de la Ciudad de Buenos Aires. Pintura de Pellegrini, 1828. Fuente: Wikipedia

Durante el final de su mandato, Rosas, mandó a construir un muro de contención, la primera gran infraestructura específicamente diseñada para lidiar con eventos naturales, que ayudó a controlar la crecida del río en las calles. En esta época, el paseo se extendió hacia el norte y cambió su nombre a «Paseo de la Ribera» y «Paseo de Julio», llegando a extenderse más allá de la actual Plaza San Martín. A finales del siglo XIX, la construcción del nuevo puerto de la ciudad, conocido como Puerto Madero, hizo que el paseo perdiera su condición costera y su popularidad comenzara a decaer.

Ubicación del paseo de la alameda superpuesto a la actualidad (realizada por A. Boselli y D. Cortese)

Con el transcurso del tiempo, se produjo un cambio en las ideas sobre la función de los espacios públicos en la salud de la ciudad, lo que llevó a la planificación de un nuevo paseo costero. Fue el ingeniero agrónomo Benito Carrasco, alumno del renombrado Carlos Thays y director de parques, quien introdujo la idea del uso social de los espacios verdes públicos, adaptándolos a las necesidades de las clases menos favorecidas. En 1918, se inauguró el balneario municipal y una avenida forestal, que se convirtieron en un lugar de encuentro popular para la ciudad durante muchos años.

Balneario municipal en actual Espigón Plus ultra. Fuente: @brezhneviano

Sin embargo, con el tiempo surgieron problemas en el lugar. No solo la apertura de nuevos paseos, como el de la Costanera Norte, disminuyó la popularidad del área, sino que también la contaminación del río se convirtió en un problema evidente y preocupante. Una vez que las autoridades militares decidieron cerrar definitivamente el paseo, el plan para esa zona por parte fue convertirlo en el centro administrativo de la ciudad. Para ese fin comenzaron, en 1978, todo un proceso de rellenado del río con escombros producto de la construcción de las autopistas.

Frente a un problema como la contaminación de un borde costero de uso público, es lógico no permitir que las personas lo usen por razones de salud. Sin embargo, existen dos maneras diferentes de actuar desde el poder político: podés, como hizo Montevideo, comenzar un proyecto de saneamiento con la intención de recuperar la salubridad de la costa. La otra opción, la que lamentablemente sucedió aquí, es considerarlo una zona de sacrificio, hacer la vista gorda a las grandes industrias contaminantes y decidir cerrar el acceso al público. Un espacio abierto y libre menos del cual ocuparse. No es coincidencia que durante esta época también se hayan multiplicado la plazas secas y con mucho cemento en la ciudad, lugares infértiles y vacíos, como la mente de quienes estaban en el poder.

Las actividades de relleno continuaron incluso cuando el proyecto ya había sido desestimado, debido a que el suelo no era adecuado para tales construcciones. En 1984 se cortaron las obras y el espacio quedó abandonado. Con el tiempo, la naturaleza comenzó a recuperar estos terrenos para sí misma, iniciando un proceso de naturalización que eventualmente formaría el humedal artificial que hoy es la Reserva Ecológica Costanera Sur. Irónicamente, generándose así un espacio de uso comunitario y social, precisamente todo lo contrario de lo que las autoridades militares pretendían.

Con el tiempo, la naturaleza comenzó a recuperar estos terrenos para sí misma, iniciando un proceso de naturalización que eventualmente formaría el humedal artificial que hoy es la Reserva Ecológica Costanera Sur. Otro ejemplo sobre cómo las decisiones políticas pueden afectar la relación de una ciudad con su ecosistema natural, y cómo esto puede influir en decisiones futuras. En la actualidad hay varios proyectos en discusión para generar un acceso al contorno ribereño (que de acuerdo al artículo 8 de la constitución de la ciudad debe ser de acceso público y de libre circulación).

Tener acceso a un río, al mar o a un lago, es decir, tener la posibilidad de pasear, bañarse o aun vivir al lado del agua, es un factor de buena calidad de vida. La presencia del agua en una ciudad puede generar espacios abiertos, de respiración, para el esparcimiento y la recreación, como parques y paseos.

La ciudad de Buenos Aires, como las fotos lo demuestran, se ha logrado relacionar con éxito con el río a través de sus balnearios y paseos costeros brindando a su población una larga extensión de agua para disfrutar. Sin embargo, el desarrollo industrial, económico y físico de la ciudad ha impactado negativamente en su costa, fragmentando su acceso y perdiendo lugares públicos para el paseo y esparcimiento al borde del río.

Esto no termina acá

Este relato es parte de la historia ambiental de la Ciudad de Buenos Aires. El sábado 25 de marzo vamos hacer un recorrido por la ciudad donde vamos a ver cómo el paisaje influyó en la formación de la ciudad, y esta en nuestra relación con el entorno. ¿Cómo era el paisaje antes de ser una ciudad? 🤔 ¿Qué aspectos del paisaje original quedan de Buenos Aires? ¿Cómo se relacionó la ciudad con la naturaleza? El recorrido culmina en la Reserva Costanera Sur con una actividad a cargo de Lu Peirone🕵‍♀️, bióloga y becaria del CONICET, donde vamos a jugar con lupas para explorar la funga y algunas cositas más. Cerramos con un picnic 🥪 (opcional).

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