Las tres hermanas y la leyenda de la milpa

Ilustración por Victoria Herbas Roldán

¿Qué tienen para enseñarnos un choclo, una arveja y una calabaza? ¿Quién dice que la ciencia y los saberes ancestrales indígenas no pueden complementarse y nutrirse mutuamente? La leyenda de las tres hermanas nos enseña sobre la milpa, un sistema agrícola tradicional precolombino del cual tenemos mucho para aprender hoy en día, al preguntarnos cómo podemos repensar la forma en la cual producimos nuestros alimentos.

Por Victoria Herbas Roldán

Tiempo de lectura: 7 minutos.
Canción recomendada para escuchar de fondo: Verde Nocturno, por Sofía Campos y Natalia Lafourcade.
Infusión sugerida para acompañar la lectura: Té negro con una rama de canela y cáscara de naranja.


Cuando leí Braiding Sweetgrass de Robin Wall Kimmerer, mi mente se amplió y mi corazón se conmovió de una manera tan profunda que inmediatamente pasó a ser uno de mis libros favoritos. Robin tiene una manera de “trenzar” los relatos de una manera virtuosa y natural que no sólo amplía nuestra mirada y despierta emociones en cada página, sino que también nos llama y nos compromete a actuar, a cambiar nuestra visión como integrantes del planeta Tierra a través de un viaje que es tan mítico como científico. Se encuentra publicado en castellano con el nombre de Trenza de hierba sagrada: sabiduría indígena, conocimiento científico y enseñanzas de las plantas.

Cada página de este libro es una belleza, pero ahora quiero compartir – y a la vez ampliar con reflexiones propias- partes de uno de los capítulos: Las Tres Hermanas.

Las tres hermanas

La leyenda

Una noche de invierno y nieve, tres mujeres llegaron a una comunidad, una vestida de amarillo, una vestida de verde y la otra de naranja. Las personas compartieron con ellas los pocos alimentos que tenían, dado que en esa época del año la comida escaseaba. Las tres mujeres, en agradecimiento por la generosidad de las personas, revelaron su identidad y se entregaron a ellos transformándose en semillas, para que nunca más pasen hambre:

Semillas de maíz, arveja y calabaza.

Las tres hermanas, los tres tipos de cultivos, forman parte de un sistema agrícola tradicional conocido como Milpa. Era la principal forma de cultivo en la época precolombina en la vasta región que se extiende desde el noreste de América del Norte hasta el sur de América Central.

La milpa es una forma de agricultura familiar que se ha mantenido a lo largo de muchas generaciones. Este sistema se basa en distintos cultivos en los que se intercala maíz con otras especies, como frijoles, habas, calabazas o papas. Varía de acuerdo a la disponibilidad de especies, el suelo, clima y saberes locales (López-Ridaura et al, 2021).

La relación

Cada una de las plantas tiene su propio ritmo y secuencia de germinación; su orden de nacimiento es importante para la relación entre ellas y para el éxito de la cosecha en general. Por ejemplo, el choclo debe nacer primero para que su tallo sea donde la arveja se enrede.

Un mapa de equilibrio y armonía, donde las tres contribuyen sinérgicamente al rendimiento general mediante el uso eficiente de la tierra, el agua, los nutrientes y la luz.

En palabras de Robin Wall Kimmerer:

«En este equilibrio nos hacen llegar su mensaje. Respetarnos unos a otros, apoyarnos unos a otros, trae tu obsequio al mundo y recibe los obsequios de otros, habrá suficiente para todos”.

“Las tres hermanas son una manifestación visual de lo que una comunidad puede ser cuando sus miembros entienden y comparten sus dones. En la reciprocidad, llenamos nuestro espíritu y nutrimos nuestro cuerpo”.

Y no termina ahí. Además del maravilloso proceso de crecimiento colaborativo, se complementan a la perfección en la alimentación, por los nutrientes, y en la cocina, por los sabores. Por eso se encuentran en un sinfín de preparaciones como guisos y estofados.

El valor nutricional es tan alto que puede sostener a una comunidad entera, proporcionando la tríada de nutrientes perfecta: los carbohidratos del choclo, las proteínas de las arvejas y las vitaminas del zapallo.

“Todo el verano el maíz transforma la luz del sol en carbohidratos, para que en invierno las personas podamos tener energía alimentaria. Pero un humano no puede subsistir solo de maíz, no es completo nutricionalmente, Tal como la arveja complementa al choclo en el jardín, colabora en la dieta también…las arvejas son altas en proteína y llenan el vacío nutricional que deja el choclo…Pero ni las arvejas ni el cholo tienen las vitaminas que el zapallo puede proveer, con su interior lleno de caroteno. Juntas, son mejores que cada una por separado

Robin Wall Kimmerer

En este reporte científico publicado en la revista Nature, las y los autores evaluaron los datos de una encuesta a 989 hogares agrícolas de pequeña escala en el Altiplano Occidental de Guatemala. El reporte sostiene que la diversidad del sistema de cultivo milpa es mejor que un monocultivo de maíz respecto a ciertas variables, proporcionando las cantidades diarias recomendadas de catorce nutrientes esenciales, según un indicador de Adecuación Potencial de Nutrientes (PNA). En esta investigación se destaca el papel fundamental del sistema milpa como fuente de seguridad alimentaria y nutricional, proporcionando tanto macronutrientes (almidón, proteínas, grasas) como micronutrientes (vitaminas y minerales).

Esto puede ayudarnos a reflexionar sobre el potencial que tienen ciertas prácticas agroecológicas basadas en policultivos – como la milpa – y no en monocultivos para mejorar considerablemente la nutrición de hogares y comunidades de pequeños agricultores.

Nuestras formas de cultivos reflejan la relación

Las diferentes formas de cultivar no solo reflejan las diferentes escalas y objetivos de nuestro trabajo, sino también nuestras relaciones. La cosmovisión occidental ve a las semillas como mercancía y las plantas como un engranaje más del campo convertido en fábrica. Los monocultivos de maíz, se asemejan más a clones escalofriantes, que nada tienen que ver con las tres hermanas donde hay un vínculo poderoso y un pacto de reciprocidad.

“En la agricultura moderna se valora la uniformidad y la eficiencia, la tierra y las plantaciones están modificadas para la conveniencia de nuestras máquinas y la demanda del mercado.

Tractores que rocían fertilizantes y dosis de nitrato de amonio que sustituyen las arvejas. Herbicidas para eliminar insectos y malezas en reemplazo a las hojas del zapallo.”

Robin Wall Kimmerer.

En cambio, en muchas cosmovisiones indígenas las plantas están imbuidas de espíritu, de una manera que la visión occidental reserva solo para los humanos. La leyenda de las tres hermanas nos muestra claramente eso: las plantas son portadoras de regalos, son personas y maestras.

Después de todo, ¿Quién más tiene la capacidad de transformar la luz, aire y agua en alimento y medicina para compartirlo? ¿Quién más cuida de la humanidad tan generosamente como las plantas? En la sabiduría indígena hay un acuerdo intrínseco: cuidamos a las plantas y ellas cuidan de nosotras y nosotros. La relación que tenemos con nuestros alimentos y el suelo está escrita de manera muy clara en la tierra.

Las tres hermanas nos hacen valorar la importancia de recordar el saber ancestral y son una bella muestra de reciprocidad en la naturaleza. Nos recuerdan nuestra interdependencia y vemos claramente la riqueza de la diversidad en todas las conexiones que surgen de ella.

Después de todo, ¿Quién más tiene la capacidad de transformar la luz, aire y agua en alimento y medicina para compartirlo? ¿Quién más cuida de la humanidad tan generosamente como las plantas? En la sabiduría indígena hay un acuerdo intrínseco: cuidamos a las plantas y ellas cuidan de nosotras y nosotros. La relación que tenemos con nuestros alimentos y el suelo está escrita de manera muy clara en la tierra.

Las tres hermanas nos hacen valorar la importancia de recordar el saber ancestral y son una bella muestra de reciprocidad en la naturaleza. Nos recuerdan nuestra interdependencia y vemos claramente la riqueza de la diversidad en todas las conexiones que surgen de ella.

“Las tres hermanas nos ofrecen una nueva metáfora de una relación emergente entre el saber indígena y la ciencia occidental, ambas enraizadas en la tierra. Pienso en el maíz como el conocimiento convencional de ecología, el marco físico y espiritual que puede guiar a la curiosa arveja de la ciencia, el cual se enrosca como doble hélice. La calabaza crea un hábitat ético para la coexistencia y el florecimiento mutuo. Imagino un tiempo cuando los monocultivos intelectuales de la ciencia sean reemplazados por un policultivo de conocimientos complementarios. Y así todos puedan ser alimentados.”


Por Victoria Herbas
Revisión: Carla Sauval
Edición: Juan Ignacio Arroyo
Ilustración: Victoria Herbas

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Referencias
  • Wall Kimmerer, R. Braiding Sweetgrass: Indigenous Wisdom, Scientific Knowledge and the Teachings of Plants. Milkweed Editions (2013).
  • Lopez-Ridaura, S., Barba-Escoto, L., Reyna-Ramirez, C.A. et al. Maize intercropping in the milpa system. Diversity, extent and importance for nutritional security in the Western Highlands of Guatemala. Sci Rep 11, 3696 (2021). https://doi.org/10.1038/s41598-021-82784-2

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