Los verdes que faltan: una deuda con los espacios públicos (Parte II)

Ilustración por @agusortizl.art

“La historia de la ciudad es la de su espacio público. Las relaciones entre los habitantes y entre el poder y la ciudadanía se materializan, se expresan en la conformación de las calles, las plazas, los parques, los lugares de encuentro ciudadano”. El espacio público, ciudad y ciudadanía, Jordi Borja.

Por Gonzalo Cemborain
Tiempo de lectura: 14 minutos

Introducción

En el primer artículo de esta serie sobre espacios verdes públicos (EVP) vimos su importancia en el entramado urbano y los beneficios que tienen a escala individual, social y ambiental. Además, cómo la mejora del espacio público en las ciudades ayuda a combatir fenómenos climáticos como la isla de calor. En esta segunda parte haremos foco en la problemática del acceso desigual a los EVP y cómo interviene el extractivismo urbano. ¿Cómo construimos lugares de encuentro más justos para las personas y el ambiente?

La democracia del paisaje: ¿Cómo se mide la calidad de un espacio verde público?

Si bien no hay normas estandarizadas para calificar la calidad de un espacio verde público (EVP), hay varios aspectos de diversos estudios que son importantes para tener en cuenta. 

Uno de los más relevantes al medir la calidad de un EVP es la participación ciudadana. Esto es, que haya un involucramiento activo y participativo por parte de la comunidad en la toma de decisiones sobre el sitio. 

La “democracia del paisaje” ayuda a que haya facilidades y servicios para todos los sectores de la comunidad. En palabras del licenciado en Diseño del Paisaje Fabio Márquez

“…hay que considerar a las plazas y a los parques de la ciudad como sitios privilegiados para el encuentro ciudadano, es decir, para la comunicación y para los vínculos sociales. Es preciso entender que esta metodología colabora para proyectarlos como espacios colectivos, mejorando la calidad de vida de sus habitantes.”

El diseño también es importante; al momento de planificar hay que tener en cuenta la flora y fauna nativa, así como las características del paisaje cultural y de las estructuras y edificios alrededor. Esto ayuda a llevar a cabo un correcto manejo ambiental, que debe reducir el uso de energía y el consumo de recursos y desechos. Por su parte, la posibilidad de conexión que brinda un EVP influirá en la forma y la frecuencia en que se usará el espacio. Para eso, debe ser fácil llegar a pie, en bicicleta y transporte público.

Una vez más, vemos que la falta de planificación de los espacios verdes puede tener efectos negativos. Como por ejemplo, los altos costos de mantenimiento que puede generar la plantación de especies no nativas o invasivas (“dis-servicios ecosistémicos”). 

Fuente: Gonzalo Cemborain. Esquema del gráfico tomado del European Green Capital award Nantes. (1) veredas sin vegetación (San Telmo); (2) línea de árboles de la misma especie (Monserrat); (3) línea de árboles de misma especie más césped (Puerto Madero); (4) línea de árboles multi-especies (San Telmo); (5) diferentes variedades de plazas y parques (Recoleta, Belgrano y Palermo); (6) corredores biológicos (Facultad de Agronomía UBA); (7) reservas naturales (Reserva Natural Yrigoyen).

¿Cuánto verde necesitamos?

Para quienes vivimos en ciudades, los espacios verdes urbanos son, en general, la única fuente de naturaleza disponible. Por eso es muy relevante entender cuánto verde necesitamos y qué tan cerca debemos tenerlo.

Un estudio de Perman et al. (2019) analizó la distribución de espacios verdes para realizar actividades físicas en la Ciudad de Buenos Aires: hay un total de 4,5 m2 de espacio verde por habitante. Este número es inferior a los 5,9 m2 que el censo de la Dirección General de Estadística y Censos porteña informó en 2015. También es muy bajo en comparación con otras grandes ciudades: 

  • Nueva York y Curitiba: 51,7 m2/hab
  • Madrid: 18 m2/hab
  • Montevideo: 12,68 m2/hab
  • San Pablo: 11,58 m2/hab
  • Rosario: 10,4 m2/hab.  

Pero, ¿alcanza con medir los metros de espacios verdes?

Concentrarse en una medida determinada puede llevar a ignorar cómo están distribuidos esos metros entre las personas. 

En el caso de CABA, el estudio mencionado demostró que comunas como la 3 (Balvanera y San Cristóbal), la 5 (Almagro y Boedo) y la 11 (Villa General Mitre, Villa Devoto, Villa del Parque y Villa Santa Rita) ni siquiera llegan a 1 m2 por habitante

Incluso dentro de las comunas la situación puede ser muy desigual: por ejemplo, la comuna 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Montserrat y Constitución) tiene el promedio de espacios verdes más alto de la ciudad gracias a la Reserva Ecológica Costanera Sur, pero no están distribuidos equitativamente. Así, Puerto Madero tiene mucha proximidad a los espacios verdes, en comparación con otros barrios de la misma comuna, como Montserrat o Constitución.  

Esto quiere decir que no solo hay un déficit de espacios verdes, sino que además existe una amplia desigualdad en el acceso a ellos. ¿De qué depende? ¿Alguien se imagina? 🤔

En concordancia con estudios en otras ciudades latinoamericanas (como por ejemplo en Santiago de Chile y Ciudad de México), la investigación de Perman et al. encontró que a peor nivel socioeconómico, peor es el acceso a espacios verdes.

Pero, ¡ojo!: ¿Qué tipo de espacios verdes son? Para este estudio, decidieron excluir del análisis todos los que figuraban en el censo de la city porteña, que cuentan como espacios verdes, pero no son aptos para realizar actividades, como jardines inclinados y verticales, canteros. Estos espacios suman metros cuadrados, pero no suman parques, dado que no hay participación ciudadana. Así, como se detalla en esta nota, de casi 3.650 espacios relevados en la ciudad de Buenos Aires, alrededor de 2.200 son canteros y derivadores de tránsito. 

¿Dónde están ubicados los espacios verdes?

Además de la superficie disponible, es importante la ubicación de los espacios públicos. La OMS sugiere un índice basado en la accesibilidad a los espacios verdes públicos medido en distancia o tiempo caminando. Con este tipo de indicadores se pueden establecer estándares: por ejemplo, la agencia Natural England de Inglaterra define a los espacios verdes accesibles como aquellos con una superficie de al menos 2 hectáreas (2 manzanas) y a no más de 300 metros de distancia (5’ caminando) del hogar de cada persona. 

En línea con este índice de accesibilidad, la fundación Bunge & Born realizó un Atlas de espacios verdes de Argentina que registra la disponibilidad de acceso público de 155 localidades del país con una superficie mínima de 0,5 hectáreas.

Se observó que en el Gran Buenos Aires menos del 65% de la población tiene un EVP con las condiciones necesarias para la recreación a menos de 5 minutos de caminata, mientras que en CABA el 12% de la población carece de uno a menos de 10 minutos. 

Cuando se hace foco en el nivel socioeconómico, el estudio mostró que en CABA el 25% de las personas de los estratos más bajos no tiene un espacio verde público cercano, mientras que esto solo ocurre en el 4% de la población de mayores ingresos. En La Plata y alrededores, más del 90% de la población de mayores ingresos tiene acceso a EVP, mientras que en el nivel más bajo, solo ocurre en el 30%. Números similares se observan en Gran Córdoba, Gran Tucumán y varias de las ciudades analizadas. Evidentemente, la desigualdad en el acceso a espacios verdes tiene una fuerte correlación con la desigualdad socioeconómica

Houston, tenemos un problema extractivismo urbano

La desigualdad en el acceso a espacios verdes, la escasa creación de nuevos espacios públicos y la pérdida y poca valoración de otros tiene su origen en lo que muchos autores socioambientales como Enrique Viale, Maristela Svampa o Patricia Pintos (1) han dado a llamar como el “extractivismo urbano

Ess un concepto relativamente nuevo que toma la esencia de los extractivismos tradicionales que hacen uso de la naturaleza de manera desmedida, pero con un enfoque aplicado a la ciudad. En ese sentido, entra en juego el concepto del geógrafo David Harvey, la “acumulación por desposesión”, por la cual la especulación inmobiliaria concentra riquezas, produce desplazamientos de personas, apropia los espacios públicos y provoca daños ambientales, en un marco de degradación social e institucional

El mayor exponente del extractivismo urbano es la privatización de lo público, especialmente a través de la especulación inmobiliaria:

Los inmuebles dejan de ser bienes de uso para ser bienes de cambio o commodities. Ya no se construye para habitar, sino para invertir. Por ejemplo, algunas empresas compran grandes terrenos de espacios que pueden ser públicos y los dejan ociosos por varios años hasta que logran modificar normativas como el uso del suelo o los límites de altura permitida para edificar. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. (No, mentira). 

La especulación inmobiliaria también desemboca en fenómenos como la gentrificación: la reconstrucción de viviendas con mayor altura y estilos más modernos hace que aumenten los costos de vida y así, se desplacen hasta los vecinos que vivieron toda su vida en un determinado barrio. ¿Viste cuando construyen gigantes edificios minimalistas en medio de una ciudad que tiene casas de estilo colonial de poca altura? Bueno, eso: las calles toman una fisonomía diferente y surgen nuevos polos gastronómicos y comerciales, con la injerencia de cadenas o franquicias. 

Roma, Ciudad de México. Fuente: Francisco Peláez, vía Wikipedia.

La pérdida de espacio público es uno de los grandes flagelos que sufren las ciudades. Ya hablamos de estos lugares como democratizadores de la vida urbana, por lo que al perderlos, se limitan las oportunidades de generar vínculos, expresarnos, relajarnos…

Alternativas y nuevos modos de pensar la ciudad

Todo parece perdido y el mundo un lugar cruel, pero al mismo tiempo encontramos nuevos paradigmas que ponen el foco en el desarrollo del espacio público y la recuperación de las ciudades desde una perspectiva social; en el ser humano. 

Este concepto, ciudades a escala humana (2), es traído por el urbanista Jan Gehl que buscó unir a la arquitectura con las ciencias sociales, teniendo en cuenta a las personas a la hora de planificar. Considera que las fuerzas del mercado y las tendencias arquitectónicas modernas quitaron el foco de las interrelaciones y los espacios comunes de la ciudad para hacer hincapié en los edificios, individualistas. Por eso, la nueva dimensión del planeamiento urbano de Gehl piensa a la ciudad desde  cuatro premisas fundamentales:  

  • Que sea vital, al promover actividades recreativas y facilitando las actividades saludables como la caminata o el uso de bicicletas.
  • Segura, al aumentar la cantidad de población que circula en espacios públicos atractivos.
  • Sostenible, promoviendo alternativas al uso de automóvil.
  • Sana, porque apunta a disminuir los problemas por sedentarismo en las personas a través de las propuestas ya mencionadas. 

Este enfoque ha sido tenido en cuenta en ciudades como Santiago de Chile.

Primero moldeamos a las ciudades, y luego ellas nos moldean a nosotros”, Jan Gehl.

Un desafío en el diseño y planeamiento urbano radica en la dificultad de modificar entornos existentes para aumentar la cantidad de verde de las ciudades. Sin embargo, hay una creciente cantidad de información y ejemplos que soportan la idea de un planteamiento alternativo enfocado en generar áreas más amigables para habitar. Algunas soluciones basadas en naturaleza (3) para ampliar la infraestructura verde urbana son urbanismo biofílico, ciudades esponja (Como Shanghai y Wuhan en China), ciudades bosque, infraestructura verde comestible (Como las huertas urbanas),  urbanismo del paisaje, corredores biológicos urbanos y la utilización de espacios verdes informales.

Entendiendo que no hay soluciones mágicas para los problemas urbanos actuales, vamos a profundizar en algunos de estos ejemplos: 

Las huertas urbanas conjugan al menos tres ideas: el autoconsumo, la preocupación ambiental y la alimentación saludable, ya que cultivar el propio alimento genera más conciencia sobre lo que se come, pero, además las huertas funcionan como mecanismo para reconstituir y fortalecer el tejido social”, asegura la municipalidad de la ciudad de Salta en su programa de huertas urbanas.  

Esta iniciativa se puede llevar a cabo en espacios públicos como plazas, veredas o incluso en terrenos fiscales, lo que nos lleva a la utilización de espacios abandonados, los “espacios verdes informales”, que brindan la posibilidad de crear jardines nativos biodiversos.

En su obra “Manifiesto del Tercer Paisaje”, Gilles Clement trae este concepto que surge de forma espontánea en las grietas que deja la ciudad. No hay una intención estética de composición, se da de modo natural, con su propia evolución y sus ciclos. 

Además de este tipo de paisaje salvaje, podemos sumar la creación de jardines nativos impulsados de manera colectiva, que aportan diversidad estética, social y ecosistémica. Un ejemplo de esto lo tenemos en la ciudad de Córdoba con el proyecto “El Bosque Nativo vuelve” en el campus de la Universidad Nacional de Córdoba.

El proyecto Tierras Ferroviarias Verdes propone reconvertir los playones linderos a las vías en la ciudad en parques públicos y así aumentar la cantidad de espacios verdes. Hay variados ejemplos de recuperación de espacios abandonados como el Parque del Bicentenario en México o la  restauración del Río Cheonggyecheon  en Corea del Sur.

Derecho a la ciudad: una oportunidad para los verdes que faltan

Queremos concluir con una idea surgida en los 70 y que, frente a la degradación de nuestras ciudades, retomarla resulta indispensable. El derecho a la ciudad se presenta como “una herramienta para pensar qué herramientas tenemos y de qué manera podemos disputar el poder que disponemos para incidir sobre esa sociedad urbana que nos moldea, que nos condiciona y que nos limita en el desarrollo de una vida plena” (Granero, G. 2017).  

“¿Qué ciudades queremos habitar?”, nos preguntamos en un contexto de fenómenos climáticos profundizados por el calentamiento global y crecimiento acelerado de la vida urbana.

“El derecho a la ciudad se manifiesta como forma superior de los derechos: el derecho a la libertad, a la individualización en la socialización, al hábitat y al habitar. El derecho a la obra (a la actividad participativa) y el derecho a la apropiación (muy diferente del derecho a la propiedad) están imbricados en el derecho a la ciudad”, Henry Lefebvre.

Es necesario reforzar la función social del espacio público como un lugar de encuentro, una herramienta vital en pos de lograr una sociedad sostenible y una comunidad abierta y democrática. Después de todo, la ciudad somos quienes la habitamos. Pensar en ciudades para las personas es tener en cuenta no sólo el aspecto social, sino también el ambiental. Porque así como somos ciudades, también somos ambiente, naturaleza. El espacio verde público no es meramente una estructura física, sino un acontecimiento colectivo, es decir, el lugar común dentro del entramado urbano donde se produce colectividad, donde somos desde lo personal, lo colectivo, lo político y lo ambiental.  

Por Gonzalo Cemborain
Revisión: Evelin «Scann» Heidel
Edición: Juana Maldonado
Ilustración: Agus Ortiz

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Lee la primera parte de esta serie

Referencias

  1. Ana Maria Vazquez Duplat. (2017).  Extractivismo Urbano: Debates para una construcción colectiva de las ciudades.
  2. Gehl, Jan. (2016). Ciudades para la gente.
  3. A, Cabanek.,, M, E, Zingoni de Baro., P, Newman. (2020). Biophilic streets: a design framework for creating multiple urban benefits.
  4. Russo A., & Cirella, G. (2018). Modern Compact Cities: How Much Greenery Do We Need? 
  5. AARP Livable Communities. (2018) Creating Parks and Public Spaces for People of All Ages 
  6. City Parks Alliance. (2017). Active Parks, Healthy Cities City Parks Alliance. Active Parks, Healthy Cities. 
  7. Green Flag Award. (2016). The Green Flag Award guidance manual.
  8. Perman,G.,  Garipe, L., Cané,L., Fernán González Bernaldo de Quirós, S., Hornstein, L., Garfi, L. y Pace, N. (2019). Distribución de espacios verdes y actividades públicas gratuitas para realizar actividad física en la ciudad de Buenos Aires.
  9. Fundación Bunge y Born. (2021). Atlas de espacios verdes de Argentina.

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