Economista en deconstrucción. Basta de terraplanismo.

Por Juan I. Arroyo

Me cansé del terraplanismo económico

A principios de año me recibí de Lic. en Economía en la Universidad Nacional de La Plata. Como la mayoría de mis colegas, me gradué sin saber que estábamos en el Antropoceno. Terminé la carrera sin entender que cualquier proceso productivo está sustentado por las leyes básicas de energía y materia que gobiernan la vida en este Planeta. Me recibí sin comprender que los fundamentos detrás de la degradación ambiental son los mismos que explican la degradación social, y que la ciencia económica es hoy por hoy más parte del problema que de la solución. Me recibí creyendo que el ejemplo de desarrollo al cual aspirar era Dinamarca, Suecia o algún país del Norte Global. Como la mayoría de mis colegas, me gradué sin cuestionar el crecimiento económico infinito: creyendo en el terraplanismo económico.

Hoy me encuentro en un proceso de transición entre mi formación académica económica y mi formación ambiental que me obliga a repensar todo lo que aprendí hasta el momento. En esta deconstrucción, me di cuenta que mi sentido común era más parte del problema que de la solución. Escribo estas líneas como una guía introductoria sobre temas ambientales para economistas, con la convicción de que la Economía juega un rol clave en la transición que necesita nuestra sociedad, pero para eso debe estar a la altura. Debemos ser capaces de reimaginarla, para luego rediseñarla. Estamos en el Siglo XXI. Es hora de abandonar el terraplanismo económico.


PARTE I: Me cansé del terraplanismo económico

PARTE II: El ejemplo no es Dinamarca

  • Desarrollo sustentable: el ejemplo no es Dinamarca.
  • Una montaña imposible de escalar.
  • El cuento del desacople.
  • ¿Ahora qué?

La economía “saludable” es terraplanista

Si hay algo que debe cerrar cualquier brecha entre economistas de todas las ideologías es entender que un sistema económico saludable garantiza la circulación constante de dinero entre los agentes, de forma tal que incremente el ingreso social. Esto es, garantizar un proceso virtuoso donde la generación de ahorro se canalice en inversiones productivas, que generen empleo y aumenten el ingreso social, que incremente la demanda y genere mayor excedente para retroalimentar ese proceso. Esto lo aprendemos desde que nos topamos con el famoso ‘Diagrama de Flujo de Ingreso Circular’ que nos enseñan en cualquier curso de Introducción a la Economía. 

diagrama de flujo de ingreso circular

La pandemia nos mostró lo que sucede con la actividad cuando el flujo de circulación se interrumpe: un círculo vicioso con impactos recesivos en la sociedad.

Ahora bien, tenemos muy claro que no nos interesa que el dinero gire por el sólo hecho de girar. El dinero media el intercambio de bienes y servicios, por lo que garantizar la salud del sistema económico implica asegurar la constante circulación de bienes y servicios. 

Lo deseable es alimentar este proceso para que el ingreso sea cada vez mayor y la sociedad en su conjunto tenga más para repartirse. Dependiendo nuestra ideología, las discusiones las tendremos en otro plano, como por ejemplo, cómo hacer para que este proceso virtuoso suceda y cómo repartir la torta. Pero sin dudas, mientras más grande sea la torta, mejor. Hasta acá, la ortodoxia y la heterodoxia pueden convivir.

Ahora bien, ¿Cómo se alimenta este proceso? ¿De dónde salen los recursos para alimentar esa cadena productiva? ¿De dónde proviene toda la materia y energía que lo sustenta? ¿Qué impactos genera ese proceso en su entorno?

Es intentando responder estas preguntas que la noción de economía saludable tiende a ser tan ridícula como la defensa del terraplanismo.

Cualquier cadena productiva comienza con la extracción de algún recurso, que es transformado en un insumo para luego ser procesado y finalmente consumido. Luego de un tiempo -cada vez más corto-, será desechado o -con suerte- reingresado nuevamente a un flujo. Esto es válido incluso para los servicios y para la industria del conocimiento, ya que todos tienen requerimientos de recursos, mayormente en la forma de metales, cemento y tierra.

¿Recordás algo de las clases de Física del colegio?

Hay algo que se llama la ‘Segunda Ley de la Termodinámica’, que implica que todo cambio energético se produce desde estados de mayor energía a estados de menor energía. Es decir, en cada proceso de conversión se pierde energía útil. Al mismo tiempo, recordá que “nada se pierde, todo se transforma” (Ley de Conservación o Primera Ley de la Termodinámica). Entonces, esta pérdida a la que hago referencia es en realidad calor disipado, desorden, energía incapaz de generar trabajo, energía inútil.

¿Por qué es importante esto?

Porque siempre que se produce una transformación de energía capaz de generar trabajo, parte de la misma se pierde en forma irrecuperable aumentando el desorden del entorno. Esto es lo que se conoce como entropía. Podemos entender a la civilización humana como un organismo que no para de crecer y demandar energía del planeta. El anhelo del humano de consumir cada vez más y más energía deriva en un incremento del desorden de nuestro entorno.

“Esto lleva a plantear la pregunta sobre la posible sustentabilidad del capitalismo como un sistema que tiene el inescapable impulso hacia el crecimiento, pero que es incapaz de detener la degradación entrópica que genera”.

O’ Connor, 1994,

La ideología del desarrollo sostenible desencadena en un delirio y una inercia incontrolable de crecimiento (Daly, 1991). Este discurso monta un simulacro que, al negar los límites del crecimiento, acelera la carrera desenfrenada del proceso económico hacia la muerte entrópica.

Leff, 1998.

De forma muy gráfica, este video muestra este proceso en un minuto:

El Hamster imposible

La bioeconomía de Georgescu-Roegen (1971) desarrolló una crítica radical a la economía desde la perspectiva de la segunda ley de la termodinámica. De allí emerge la concepción del proceso económico como una transformación productiva de masa y energía sujetas a la degradación irreversible de energía útil (que se manifiesta en última instancia en forma de calor) de todo proceso metabólico y productivo.

Este ineluctable proceso de degradación de la energía, magnificado por el ritmo acelerado de crecimiento económico, se manifiesta de forma más urgente en el calentamiento global del planeta por la creciente producción de gases invernadero y la disminución de la capacidad de absorción de dióxido de carbono, debida a los procesos de deforestación, llevando a la muerte entrópica de la vida en la Tierra.

Leff, 1998.

Con esto en mente, la noción de un crecimiento económico infinito en un mundo con límites geofísicos no dista mucho de la idea de sostener que la tierra es plana, como dijo Flavia Broffoni en este vivo. De todas formas, si seguimos así, la tierra va a quedar plana. No va a quedar nada.

Crecimiento económico infinito y terraplanismo.

Como todo buen economista, tampoco sabía nada de todo esto cuando terminé la carrera universitaria. Mucho proviene de las ciencias naturales y nos ayuda a comprender las leyes universales que gobiernan cualquier proceso que ocurra en nuestro planeta. Los últimos párrafos pueden resumirse en la siguiente imagen, haciendo que, literalmente, una imagen diga más que 366 palabras:

Pérdida de materia y energia en la economia lineal
Pérdida de materia y energía bajo el paradigma de la ‘Economía lineal’.

El hecho de que este proceso de degradación sea irreversible no debe ser una excusa para resignarnos y concluir que “entonces no hay nada que hacer”. Al contrario, hay mucho por hacer.

“Nuestro sistema económico ha sido diseñado para crecer, prospere o no. Lo que necesitamos, es diseñar una economía que prospere, crezca o no.”

Kate Raworth, 2017.

Es muy importante entender que el crecimiento económico no es un capricho, sino una necesidad inherente de las economías actuales para repagar las deudas, reproducir el capital y no colapsar. Cuando una economía deja de crecer, entra en recesión, se rompen las cadenas de pagos y comienza a cortarse el “circuito virtuoso” de circulación del ingreso. En este sentido, un factor central en la necesidad de que el sistema crezca, es el repago de los créditos con interés que lo sustenta, como exploro en este hilo

Nuestro sistema actual es, por defecto, ambientalmente degenerativo y socialmente divisivo. Ambos procesos son la cara de una misma moneda y no se tratan de ninguna externalidad que deba ser “regulada”, sino de una característica intrínseca de las dinámicas del sistema económico actual. El gran desafío está en diseñar sistemas económicos que sean, por defecto, ambientalmente regenerativos y socialmente inclusivos.

“Las mentes más brillantes transforman a los límites en su fuente de inspiración”.

Kate Raworth

Para comenzar a comprender cómo es que ambos procesos son caras de una misma moneda, es necesario aclarar que no hay existe ninguna separación entre ambiente y sociedad. Al contrario. La sociedad forma parte del ambiente y las personas están en constante retroalimentación con su entorno, dependiendo y condicionándose el uno al otro. Como escribió Inti Bonomo acá, cualquier detrimento de la calidad de vida es un deterioro ambiental compuesto de elementos biofísicos, sociales y económicos, destruir al ambiente es hacernos daño a nosotros mismos.

Por eso decimos que no hay justicia social sin justicia ambiental. Florencia Lampreabe lo explicó muy claramente en este artículo:

“Los problemas ambientales los sufren mayormente los sectores sociales más vulnerables, que son los que están condenados a instalarse en terrenos menos aptos y en barrios inundables, que son corridos de sus tierras por negocios inmobiliarios o por la expansión de la frontera agropecuaria, que viven en la vera del arroyo contaminado o al lado del basural a cielo abierto. Son las poblaciones más marginadas y empobrecidas las que menos contribuyen a generar los problemas ambientales y las que cargan desproporcionadamente con sus consecuencias.”

La crisis ambiental no es un problema de ricos, al contrario. De hecho, Philip Alston, el vocero de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, advierte que el Cambio Climático es “el mayor riesgo para la profundización de la pobreza en las próximas décadas”, definiendo un posible escenario de Apartheid Climático“.

En estos términos, se vuelve falsa la dicotomía entre progreso y cuidado ambiental, porque cuidar al ambiente es progresar y no se puede progresar deteriorando las condiciones de vida de la población. Parece ridículo tener que recordarnos que nuestra existencia depende de un planeta sano, pero hoy por hoy, es necesario hacerlo.

¿Qué tanto impacto estamos haciendo? ¿Hasta dónde puede llegar nuestra influencia en el sistema climático y ecológico? Para responder esto, te invito a un paseo por el Antropoceno — la época geológica gobernada por el humano-.

¿Lo sabías? Yo hasta hace poco, no.

‘Welcome to the Antropoceno’

Terminamos el siglo XX con muchos logros para la humanidad, pero al mismo tiempo, con una gran cantidad de desafíos pendientes. La población pasó de casi dos mil millones de personas a principio de siglo a casi ocho mil millones al día de hoy. Al mismo tiempo, la expectativa de vida promedio se duplicó. Esta “prosperidad”, además de desigual, no fue neutral. A partir de los 70’, la “huella ecológica” de la humanidad superó la capacidad regenerativa de la Tierra. Esto quiere decir que hace cincuenta años necesitamos más de un planeta para sostener nuestros niveles de consumo — especialmente el sobreconsumo de los países más ricos. Vamos a ir a este tema más adelante.

huella ecologica en numero de planetas
Huella ecológica expresada en número de planetas.

La literatura predominante de las ciencias de la Tierra reconoce nueve procesos naturales que son fundamentales para la salud planetaria. Para cada uno de ellos, se definen distintos límites que, al ser superados, desencadenan en estados de incertidumbre y riesgo. 

La presión antropogénica (causada por el humano) sobre el Planeta está generando el sobrepaso de estos límites planetarios que amenazan la integridad de la biodiversidad, alteran los flujos biogeoquímicos y ocasionan cambios en los equilibrios climáticos y ecológicos. El cambio climático es, quizás, el efecto más divulgado. El objetivo establecido para este último proceso está entre el grado y medio y los dos grados de calentamiento de la temperatura media global con respecto a los niveles preindustriales.

Antropoceno y limites planetarios. Rockström y Steffen.
Los nueve límites planetarios. Welcome to the Anthropocene.

En el 2018, el reporte 1.5 del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) -el mayor consenso científico en la actualidad-, concluye de forma contundente, que: “limitar el calentamiento global a 1,5 ºC requeriría cambios rápidos, de amplio alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, desde consumo de energía a planificación urbana y terrestre y muchos más recortes de emisiones”. Evidentemente, tenemos un problema, Houston (una serie de tres textos que introducen el tema).

Lo que sucedió es que en poco más de una generación, la especie humana -una de las tantas millones que existen en la naturaleza – se ha convertido en un forzante geológico: una fuerza capaz de alterar los equilibrios climáticos y ecológicos del planeta Tierra. 

En poco más de cien años, hemos alterado los ciclos de carbono -entre otros-, de forma tal que al planeta le hubiera costado millones de años hacerlo (esta nota explica esto de forma muy gráfica). Mediante la extracción de combustibles fósiles, incrementamos la emisión de CO2 (flujo), incrementando los niveles de concentración (stock) en la atmósfera (las emisiones son como un grifo que se abre y su concentración en la atmósfera como un balde que se llena, como explicamos en este artículo). Nos tendríamos que remontar unos 3.000 millones de años para encontrar niveles de concentración similares. Como otros gases, este es un gas de efecto invernadero y como tal, se correlaciona positivamente con la temperatura media global. Hoy, este incremento en su stock ha elevado la temperatura media global en más de 1ºC respecto a los niveles preindustriales. 

A mayores incrementos en la temperatura, diversos ecosistemas superan sus ‘puntos de no retorno’ y comienzan a experimentar procesos de retroalimentación positiva que desencadenan en dinámicas divergentes. En otras palabras: cuando un ecosistema supera su punto de no retorno, ya no se puede salvar. Está perdido.

Lo que sucede en un ecosistema altera el equilibrio de otro y nuestra supervivencia como especie depende -como cualquier otra especie- de la salud planetaria. Al día de hoy, no contamos con el conocimiento científico suficiente para establecer todas las causalidades que intervienen en esta compleja red de interdependencias. Las dinámicas ecosistémicas no siempre presentan comportamientos lineales y son muy complejas. Por lo tanto, la incertidumbre y los escenarios probabilísticos son un aspecto central en todas estas discusiones.

Reconociendo la gravedad del asunto, en el 2015, 195 países del mundo -casi todos- firmaron el Acuerdo de París, comprometiéndose a “limitar el calentamiento global a 2ºC respecto a los niveles preindustriales y a realizar esfuerzos para limitarlo a 1.5ºC”. 

Lamentablemente, hoy nos dirigimos a aumentos de tres o cuatro grados. Peor aún, es que muchos y muchas estudiantes de Economía, lo único que aprenden al respecto es el modelo mainstream de Economía Ambiental del Premio Nobel William Nordhaus, que en contextos de alta incertidumbre y complejos comportamientos ecosistémicos, da como punto óptimo un calentamiento de 3.5ºC y nos dice que todo estará bien…

Proyecciones de calentamiento. Climate Action Tracker

No hay evidencia suficiente que garantice que un planeta a tales temperaturas pueda garantizar la provisión de recursos para los 10.000 millones de humanos que vamos a ser a fines de siglo. De esto hablamos cuando hablamos de “crisis climática”.

De lo que sí hay evidencia, es lo extremadamente difícil que resulta para los ecosistemas adaptarse a tal velocidad en los cambios y de semejante magnitud. Por eso, entre otras cosas, estamos frente a la sexta extinción masiva de especies, destruyendo millones de años de progreso evolutivo, lo cual da pie a afirmar que nos encontramos en una “crisis ecológica”.

Las principales conclusiones de los reportes científicos más relevantes respecto a la actualidad climática y ecológica se encuentran resumidas en este relato de viaje: “escuchar a la ciencia y actuar en consecuencia”. Con una claridad conceptual admirable, este relato ha logrado describir problemas complejos y difundirlos masivamente. Sobre los puntos de no retorno, el presupuesto de carbono restante y las proyecciones actuales, acá.

¿De dónde veníamos?

Para saber hacia dónde vamos, es útil saber de dónde venimos. Luego de la última Era de Hielo, hace uno 10.000 años, estamos viviendo un ‘período de gracia’ en términos climáticos: el Holoceno. Durante este lapso, las condiciones climáticas fueron ideales para albergar a toda la flora y fauna que le permitió a la humanidad florecer como nunca antes. 

Podemos pensar al Holoceno como el equivalente a una casa donde la calefacción y la refrigeración le permiten a la familia que la habita permanecer cálida y segura. Ya nos podemos ir despidiendo de este período. Muchos científicos y científicas afirman que hemos entrado en el Antropoceno, la época geológica dominada por la humanidad, donde nos enfrentamos a condiciones climáticas que no garantizan certidumbre en cuanto a la capacidad planetaria de abastecer a una población creciente. 

Me recibí sin saber nada de todo esto. Me tranquiliza saber que no soy la excepción, ya que hasta el 2019, sólo se habían publicado cincuenta y siete artículos académicos sobre cambio climático en los principales journals generales de Economía. Evidentemente, en Economía estamos corriendo de atrás y esto no es menor, ya que nuestra disciplina es, por ahora, más parte del problema que de la solución.

Esta visión de un crecimiento económico infinito está poniendo en juego la supervivencia de la civilización humana tal como la conocemos. 

‘No hay negocio rentable para una humanidad extinta’. Fuente: @ecointensa

Cuando queremos ver qué alternativas hay, parece que lo único que se nos ofrecen son adjetivos atractivos detrás de la palabra crecimiento: podemos elegir crecimiento verde, crecimiento inclusivo, crecimiento sustentable… Ese es el menú de opciones que nos ofrecen las reglas de juego actuales. Mientras elijamos crecimiento, no habrá mayor inconveniente.

En particular, hace unas décadas comenzó a cobrar fuerza el discurso del desarrollo sustentable -idea a la que adherí por un tiempito-. Sin embargo, esta idea no es más que una fantasía imposible de alcanzar por toda la humanidad.

Veremos por qué en la segunda parte.

PARTE II: El ejemplo no es Dinamarca

  • Desarrollo sustentable: El ejemplo no es Dinamarca.
  • Una montaña imposible de escalar
  • El cuento del desacople
  • ¿Ahora Qué?
Referencias

Ahora Qué? (2020), El Cambio Climático no tiene Coronavirus
Herrera, A. O, Scolnick H.,Chichilnisky, G., Gallopin, G., Hardoy J., Mosovich D., Oteiza E., Lamarque de Romero Brest, G., Suárez, C., Talavera L, (1976). Catástrofe o nueva sociedad? Modelo Mundial Latinoamericano.
IPCC, (2014), AR5 Climate Change 2014: Mitigation of Climate Change, Annex III: Technology-specific Cost and Performance Parameters; Table A.III.2. Published online at ipcc.ch.
IPBES, Global Assessment Report on Biodiversity and Ecosystem Services.
Lang, M., (2018) Nabón: Construyendo el Sumak Kawsay desde abajo.
McSweeney, R. (2020), Explainer: Nine ‘tipping points’ that could be triggered by climate change. Carbon Brief.
Raworth, K., (2017), Doughnuts Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist.
Roser M., Ritchie H., y Ortiz-Ospina E. (2013). “World Population Growth”.
Steinberger, J., (2020), Cogs in the climate machine.
Steffen W., Rockström J., et al, (2015). Planetary boundaries: Guiding human development on a changing planet.
Stern N., Oswald A., (2019). Why are economists letting down world climate change?
Wiedmann, T., Lenzen, M., Keyßer, L.T. et al. Scientists’ warning on affluence. Nat Commun 11, 3107 (2020).
Yeo, S., Evans., S, (2016). The 35 countries cutting the link between economic growth and emissions.

Algunas fuentes relevantes:
– Resource panel. Base de datos sobre extracción y flujo de materiales globales: https://www.resourcepanel.org/global-material-flows-database
– Global Footprint Network. Sobre huella ecológica: http://data.footprintnetwork.org/
Comparación Dona entre países.https://goodlife.leeds.ac.uk/countries/
– Climate Action Tracker. https://climateactiontracker.org/global/cat-thermometer/
– Happy Planet Index:
http://happyplanetindex.org/

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